martes, 7 de mayo de 2013

Cine Clásico de Holywood


I.3 Cine clásico de Hollywood
La investigación está dedicada a un conjunto de textos fílmicos producidos en el marco institucional conocido como Hollywood. Esta institución trae consigo un conjunto de temas y una manera de construir la narración cinematográfica que se ha consolidado como la hegemónica a través del mundo, y que ha sido denominada por diversos autores como narratividad clásica, cine clásico de Hollywood, Modo de Representación Institucional (MRI) o, como prefiere la presente investigación, ‘forma narrativa clásica’. La comprensión de sus características es relevante para entender mejor la visión de mundo en los textos fílmicos western y noir.
La narración clásica surge de manera paulatina en el interior de los estudios cinematográficos, mediante procesos de prueba y error, dirigidos a acertar en las preferencias y expectativas del público[1]. Bordwell señala los años de 1917 y 1960 como las correspondientes fechas de apertura y clausura del apogeo de la forma narrativa clásica; entre estas fechas la producción estuvo dominada por un estilo definido y homogéneo, el cual permaneció constante a través de las décadas, los géneros, los estudios y el personal[2]. Señala el primer año como el inaugural, porque es a partir de entonces que la mayoría de las películas estadounidenses utilizaron sistemas narrativos, temporales y espaciales similares. En cuanto al cierre, postula razones históricas y de conveniencia: este año coincide con la toma de “conciencia” de Hollywood respecto a sus propios relatos, la penetración de la televisión, el cambio en la estructura de los estudios y el encuentro con otras cinematografías que cuestionaban el estilo clásico[3]. Como se expone en los siguientes capítulos, los textos fílmicos de los géneros western y negro son ejemplos de las características de la forma narrativa clásica y de las transformaciones que esta experimentó entre los años 40 y el fin de su apogeo, al comenzar los años 60.
A partir de 1960, más que de un abandono de la forma narrativa clásica, lo que ocurre es una evolución propiciada por los avances tecnológicos, promovida por los creadores del mismo Hollywood y que estuvo relacionada con el conocimiento de relatos de otras latitudes[4]. Estas modificaciones fueron generalmente detalles temáticos y formales; no variaron en cambio los principios que todavía hoy guían las narraciones cinematográficas estadounidenses, como son el realismo romántico, el efecto de realidad o el montaje en continuidad[5]. Prueba de la permanencia y de la buena salud de la forma narrativa clásica es que aún hoy, los mismos manuales de aprendizaje cinematográfico ‘prescriben’ su utilización[6]. Por estas razones, la noción de cine clásico “se mantiene como una verdadera piedra de toque, una referencia central en el campo de los estudios sobre cine”[7].
Tanto en la actualidad, como en la época que es señalada como su apogeo, la forma narrativa clásica se desarrolló a contracorriente de las otras artes. Mientras que la plástica, la música y la literatura dedicaron el siglo XX a la renovación formal y perceptual, el cine de Hollywood estabilizó ciertas formas de mostrar y narrar[8]. Incluso, puede afirmarse que estas formas de narrar y mostrar remiten a un siglo atrás, el XIX. De acuerdo con Vanoye, el modelo clásico, en el plano cinematográfico, proviene del realismo francés, en el plano literario[9]; esto es Honoré de Balzac, y escritores que siguieron su estilo, como el inglés Charles Dickens. Por su parte, Bordwell indica que la forma narrativa clásica heredó del melodrama del siglo XIX la importancia que brinda a la exposición de rasgos inequívocos y delineados con claridad[10]. Esto incluye la individualización a partir de rasgos, tics o muletillas y la presencia de nombres propios característicos o estereotipadores. Así, los personajes son tipificados de acuerdo con su ocupación, edad, género e identidad étnica, a los que se suman rasgos que generalmente dependen de la función narrativa[11].
Explica Schmidt que pese a su aparente rigidez, el modelo clásico también está compuesto por procedimientos “libres”, los cuales hicieron posible su evolución a partir de 1960. Estos permiten “por un lado, el desarrollo de la creatividad de los autores individuales y, por otro, la posibilidad de creación de diversos géneros con sus peculiaridades”[12]. Esta libertad hizo posible la renovación de los procedimientos canónicos a través de los aportes de creadores o filmes concretos, si bien no hay modificación radical del modo de representación.
Es poco probable que un solo texto fílmico presente a la perfección todas las normas, pues “ninguna película de Hollywood es el sistema clásico; cada una de ellas representa un “equilibrio inestable” de las normas clásicas”[13]. En tanto sistema de producción, Hollywood no determinaba —ni determina— todos los detalles significantes de una película, pero sí aislaba las prácticas habituales y ponía límites a la invención[14].





I.3.1 La denominación “clásico”
El término “clásico” ha sido utilizado de manera abundante en la historia del arte y de la literatura, e incluso de la cultura popular, para señalar obras de una antigüedad no determinada, ejemplares por su excelencia o su correspondencia con un canon. En los estudios cinematográficos el clasicismo no tiene necesariamente esos sentidos.
Se ha señalado a André Bazin como el primero que se refirió al cine de Hollywood como ‘clásico’[15]. En este caso, el término no tenía que ver con la antigüedad del texto fílmico, pues Bazin analizaba los filmes estadounidenses que veía estrenarse en las salas de cine francesas en los años 30, 40 y 50; aseguraba que al verlos:
“se experimenta el sentimiento de un arte que ha encontrado su perfecto equilibrio, su forma ideal de expresión, y recíprocamente admiramos algunos temas dramáticos y morales a los que el cine no ha dado una existencia total, pero a los que por lo menos ha elevado a una grandeza y a una eficacia artística que no hubieran conocido sin él. En resumen: todas las características de la plenitud de un arte “clásico”[16].

Con mayor mesura y varias décadas de distancia, Bordwell enumera los principios que Hollywood atribuía a sus producciones. Estas se basaban en “nociones de decoro, proporción, armonía formal, respeto a la tradición, mímesis, modestia artesanal y un control impasible de la respuesta del receptor[17].
De forma coincidente, Russo afirma que el clasicismo en el lenguaje cinematográfico parece vincularse con un estilo fundado en el equilibrio y la inclusión del espectador, la construcción de personajes, historias y espacios al servicio de la narración, y la tendencia a una “lógica de transparencia” en la organización de los materiales narrativos[18].
Bazin caracterizó por su fondo y forma los textos fílmicos que ejemplifican al cine clásico. En cuanto al fondo, la mayoría pertenecían a grandes géneros con elaboradas reglas, “capaces de contentar a un amplio público internacional y de interesar también a una élite cultivada con tal de que a priori no sea hostil al cine”[19]. Respecto a la forma, destacó una fotografía y una planificación claras y acordes con su tema. Subraya Bazin que sin importar las variantes la planificación en la narración clásica, presenta los mismos puntos:
-          Verosimilitud del espacio: el lugar del personaje estará siempre determinado, incluso cuando el tipo de plano elimine el decorado.
-          Intención y efectos de la planificación serán exclusivamente dramáticos o psicológicos[20].
Elaboración industrial y reglamentada, planificación y funcionalidad de los componentes de la narración —que es además verosímil—, son las características citadas por Bazin que reaparecen en posteriores caracterizaciones de la forma narrativa clásica. Por ejemplo, David Bordwell resume la narración clásica en tres proposiciones generales:
1.      El tratamiento de la técnica fílmica para la transmisión de la información de la historia por medio del argumento.
2.      Un estilo de gran claridad denotativa, que invita al espectador a construir un tiempo y un espacio coherentes y consistentes para la acción de la historia.
3.      Un número estrictamente limitado de recursos técnicos organizados en un paradigma estable y ordenado probabilísticamente según las demandas del argumento”[21].
Explica Onaindia que el cine clásico fue muy estricto respecto a la estructura de las unidades dramáticas y narrativas, al punto que “canonizó y sistematizó las fórmulas de composición de las películas, haciendo lo posible para que la libertad de inventar nuevas historias (…) fuera compatible con el máximo rigor y respeto a las normas en el modo de contarlas”[22]. En este sentido, indica Bordwell que los usuarios de esta forma narrativa clásica —productores, directores, guionistas, técnicos— se reconocían como constreñidos por reglas que establecen límites rigurosos a la  creación individual. Límites como que
“narrar una historia es la preocupación formal básica (…); que la unidad es un atributo básico de la forma fílmica; que el cine de Hollywood pretende ser ‘realista’ tanto en el aristotélico (fidelidad a lo probable) como en el naturalista (fidelidad al hecho histórico); que el cine de Hollywood intenta disimular su artificio por medio de técnicas de continuidad y una narrativa ‘invisible’; que la película debe ser comprensible y no debe presentar ambigüedades; y que posee un atractivo emocional que trasciende clases y naciones”[23].

Confirma y complementa las características expuestas por Bazin y Bordwell la definición de cine clásico de Colin McCabe, que es recuperada por Russo. Un texto fílmico clásico es realista, generador de mundos de ficción coherentes, sin ambigüedades en la exposición de causas y efectos, con personajes congruentes consigo mismos y con las historias que protagonizan. La definición destaca como rasgos el realismo psicológico y una serie de normas de sintaxis, como antes fue señalado, fueron prescritas como una verdadera “gramática cinematográfica”.
Dentro de la narración clásica tiene preeminencia la “verosimilitud”, la cual está vinculada a la causalidad. Lo verosímil deriva de lo necesario, que es consecuencia de los encadenamientos lógicos dispuestos por el relato: espectador “aceptará un suceso como verosímil con tal de que esté inscrito en la cadena de causas y efectos y sea suficiente el despliegue de las preparaciones, motivaciones y justificaciones”[24].
Para contar sus historias, el cine clásico recurre a un montaje articulado en torno a la simplicidad. Aún hoy, incorpora los puntos de vista sucesivos, característica que facilita una mejor comprensión de lo que se desarrolla en el interior del cuadro cinematográfico. Asimismo, la continuidad narrativa viene dada por los planos y contraplanos tanto visuales como acústicos. El montaje como articulador de todos estos elementos pasaba inadvertido[25]; es decir: el dispositivo es transparente. Es así como puede afirmarse que el cine clásico es un discurso —es decir, una instancia narrativa— que se transforma en historia —finge que esta instancia narrativa no existe—. Es por la transparencia que es posible el denominado ‘efecto de realidad’, expuesto en un apartado anterior. El texto cinematográfico clásico:
“Nos presenta una historia que se cuenta sola y que adquiere un valor esencial: ser como la realidad, imprevisible y sorprendente. Parece como si uno estuviera deletreando, sin ayuda de nadie, entre una serie de noticias de sucesos. Esta apariencia de verdad le permite enmascarar tanto lo arbitrario del relato y la intervención constante de la narración, como el carácter estereotipado y reglamentado del encadenamiento de las acciones”[26].

En cuando a la estructura del guión, Vanoye señala como características de la forma narrativa clásica la estructura temporal lineal, la narración “objetiva” (es decir, ausencia de narrador específico) y la existencia de uno o dos personajes centrales y de una intriga principal[27]. Por esto, califica el modelo clásico de neo o pseudoaristotélico. Conlleva una serie de exclusiones que los manuales de guión explicitan, como son la historia inacabada o no cerrada; la que carece de clímax o su clímax se ubica al comenzar el relato; la que está basada en una yuxtaposición de episodios conectados o en cambios de orientación de la lógica de las causas y efectos; finalmente, aquella que no está basada en un personaje central.
Reconoce Bordwell que por su manejo del espacio y del tiempo, la narración clásica hace del mundo de la historia una construcción internamente coherente, por la que la narración parece avanzar desde el exterior. Pero recalca la relevancia del espectador para que esta construcción sea finalmente acertada:
“La manipulación de la puesta en escena (comportamiento de los personajes, iluminación, decorados, vestuario) crea un acontecimiento profílmico aparentemente independiente, que se confiere en el mundo tangible de la historia encuadrado y registrado desde fuera. Este encuadre y este registro suelen tomarse como la propia narración, que puede a su vez ser más o menos abierta, más o menos ‘intrusiva’ respecto a la postulada homogeneidad del mundo de la historia. La narración clásica, pues, depende de la noción del observador invisible”[28].

De acuerdo con Bordwell, para la caracterización del cine clásico de Hollywood es más pertinente que la transparencia el hecho de que son relatos que descansan en una causalidad generada en la acción y reacción de la voluntad humana[29]. Esto significa que los textos fílmicos clásicos enfatizan el factor humano y brindan poca o ninguna importancia a las causas naturales y, especialmente, al azar o a lo inexplicable. Es por la prioridad que tiene la causalidad que la visión de mundo en los textos fílmicos clásicos generalmente carece de ambigüedad[30].
Bordwell y Thompson subrayan que dentro de una narración clásica el encadenamiento de acciones obedece a causas predominantemente psicológicas. Los textos fílmicos de Hollywood son protagonizados por individuos psicológicamente definidos, los cuales luchan por resolver un problema o alcanzar objetivos específicos. En el cumplimiento de esta tarea, el personaje entra en conflicto con otros personajes o con circunstancias adversas. En su conclusión, la historia presenta una victoria decisiva o una derrota, la resolución del problema o la consecución de los objetivos. El principal medio causal es el personaje, un individuo claramente diferenciado, con una serie coherente de rasgos, cualidades y conductas evidentes[31].
La precisa definición del personaje garantiza la coherencia del guión y el correcto encadenamiento de causas y efectos. La motivación de los personajes es la generadora de causalidad y está enmarcada dentro de lo verosímil. La conversión de los rasgos personales y los objetivos del personaje en las causas de las acciones es una forma dramática específica del modelo clásico estadounidense.
Bordwell indica que el cine clásico incorporaba normas prácticas o ético-socio-políticas, entre las que se contaba el romance heterosexual, valor dentro de la sociedad norteamericana. Pero este valor, además, poseía una función estética en el cine clásico, como sería la motivación argumental[32]. Estas normas confluían con la propuesta realista, transparente y carente de ambigüedades, que antes ha sido expuesta, para caer finalmente en una “naturalización de ciertos comportamientos sociales y culturales”[33].




[1] Schmidt, M. Análisis de la realización cinematográfica (Madrid: Síntesis, 1997), p. 55.
[2] Bordwell, D.; Staiger, J.; Thompson, K. El cine clásico de Hollywood (Barcelona: Paidós, 1997), p. 3.
[3] Ibíd, p. 10.
[4] Por ejemplo, entre las razones que propiciaron la ruptura del modelo clásico se encuentra la profundidad de campo, un recurso que comenzó a utilizarse en Hollywood a partir de Citizen Kane (Ciudadano Kane, 1941), de Orson Welles. Este recurso vino a introducir ambigüedad en la narración clásica.
[5] Russo, E. El cine clásico (Buenos Aires: El Manantial, 2008), p. 138.
[6] Vanoye, F. Guiones modelo y modelos de guión (Barcelona: Paidós, 1996), p. 28.
[7] Russo, E. El cine clásico (Buenos Aires: El Manantial, 2008), p. 10.
[8] Ibíd, p. 13.
[9] Vanoye, F. Guiones modelo y modelos de guión (Barcelona: Paidós, 1996), p. 51.
[10] Bordwell, D.; Staiger, J.; Thompson, K. El cine clásico de Hollywood (Barcelona: Paidós, 1997), p. 15.
[11] Ídem.
[12] Schmidt, M. Análisis de la realización cinematográfica (Madrid: Síntesis, 1997), p. 56.
[13] Bordwell, D.; Staiger, J.; Thompson, K. El cine clásico de Hollywood (Barcelona: Paidós, 1997), p. 5.
[14] Ibíd, p. 4.
[15] Stam, R.; Burgoyne, R.; Flitterman-Lewis, S. Nuevos conceptos en la teoría del cine (Barcelona: Paidós, 1999), p. 215.
[16] Bazin, A. ¿Qué es el cine? (Madrid: Rialp, 1966), p. 128.
[17] Bordwell, D.; Staiger, J.; Thompson, K. El cine clásico de Hollywood (Barcelona: Paidós, 1997), p. 4.
[18] Russo, E. El cine clásico (Buenos Aires: El Manantial, 2008), p. 25.
[19] Bazin, A. ¿Qué es el cine? (Madrid: Rialp, 1966), p. 128.
[20] Ibíd, p. 131.
[21] Bordwell, D. La narración en el cine de ficción (Barcelona: Paidós, 1996), p. 164.
[22] Onaindia, M. El guión clásico de Hollywood (Barcelona: Paidós, 1996), p. 96.
[23] Bordwell, D.; Staiger, J.; Thompson, K. El cine clásico de Hollywood (Barcelona: Paidós, 1997), p. 3.
[24] Vanoye, F. Guiones modelo y modelos de guión (Barcelona: Paidós, 1996), p. 29.
[25] Gutiérrez San Miguel, B. Teoría de la narración audiovisual. Madrid: Cátedra, 2006), p. 131.
[26] Aumont, J.; Bergala, A.; Marie, M.; Vernet, M.. Estética del cine (Barcelona: Paidós, 1996), p. 121.
[27] Ibíd, p. 80.
[28] Ibíd, p. 161.
[29] Bordwell, D.; Staiger, J.; Thompson, K. El cine clásico de Hollywood (Barcelona: Paidós, 1997), p. 14.
[30] Bordwell, D. La narración en el cine de ficción (Barcelona: Paidós, 1996), p. 162.
[31] Ibíd, p. 157.
[32] Bordwell, D.; Staiger, J.; Thompson, K. El cine clásico de Hollywood (Barcelona: Paidós, 1997), p. 5.
[33] Bordwell, D.; Thompson, K. El arte cinematográfico. Una introducción (Barcelona: Paidós, 1995), p. 429.

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